Aquí hay dos tareas. Las dos duran unos segundos. Cualquiera que las viera diría que son fáciles.
En la primera aparece arriba la fotografía de un perro. Debajo, dos fotografías: ese mismo perro y una silla. El niño toca el perro.
En la segunda, la tablet dice la palabra “perro”. Debajo, las dos mismas fotografías. El niño toca el perro.
Mismo niño, misma tarde, las mismas dos imágenes, las dos al 95%. En un artículo anterior defendimos que repetir no es relacionar — que un niño puede acertar mucho en una tarea de emparejamiento sin haber comparado nada. Estas dos tareas caen de ese lado de la raya: las dos son lo que Emilio Ribes llama acoplamiento, reconocer y repetir. Ninguna exige comparar.
Así que por la estructura de la tarea son lo mismo. Y sin embargo, cualquiera que se haya sentado con un niño a hacer las dos sabe perfectamente que no lo son. Este artículo va de en qué consiste esa diferencia, porque nombrarla cambia lo que uno hace después.
En qué son la misma cosa
El criterio de Ribes es estructural y es estricto. Un contacto es acoplamiento cuando las contingencias de ocurrencia se mantienen constantes — cuando nada permuta de un ensayo a otro. En nuestras dos tareas, la foto del perro es siempre la respuesta correcta para el perro. Nada intercambia papeles. No hay ninguna regla vigente que pudiera cambiar y volver incorrecto en el ensayo siguiente al mismo objeto.
Esa es la lectura honesta, y es la razón por la que las dos caen en el mismo cajón.
En qué son mundos distintos
Hazte otra pregunta: ¿qué sostiene la correspondencia?
En la tarea de identidad, la respuesta está ahí mismo, en la pantalla. La fotografía de arriba y la de abajo comparten su forma — la palabra técnica es isomorfismo. Todo lo que el niño necesita para acertar está presente en el campo, aquí y ahora. Lo que la tarea le pide es diferenciar las características perceptivas que constituyen esa igualdad, que es exactamente el criterio de ajuste que Ribes asigna a este contacto: la diferencialidad.
En la tarea de palabra→foto no hay nada de eso disponible. No hay nada con forma de perro en el sonido “perro”. No se parecen, no son análogos, no los conecta ninguna propiedad de ninguno de los dos. Lo que los mantiene juntos es la convención — un acuerdo de una comunidad de hablantes, hecho mucho antes de que este niño naciera — y llegar hasta ella exige, además, un medio de contacto convencional.
Una correspondencia se sostiene en lo presente. La otra no se sostiene en nada que esté presente.
Dos ejes, no una escalera
La forma habitual de leer a Ribes es como una escalera única: los contactos se van complicando según se sube, y cada uno exige más que el anterior. Leído así, nuestras dos tareas están en el mismo peldaño y la diferencia de arriba simplemente desaparece.
Nos resulta más útil leerlo como dos ejes independientes.
Recursión — cuánto hay que sostener a la vez. Cuántas cosas hay que mantener en juego para que una respuesta sea correcta: un dato, una regla, una regla que depende de otra regla. En este eje nuestras dos tareas están de verdad en el mismo punto. Emparejamientos simples, nada que permute, nada que mantener en suspensión.
Anclaje — quién sostiene la correspondencia. En un extremo, lo presente: el propio campo aporta la razón por la que la respuesta es correcta. En el otro, la convención: la razón vive enteramente fuera de la situación, en un acuerdo compartido, y hay que traerla hasta ella. En este eje nuestras dos tareas están en extremos opuestos.
Dos tareas idénticas en un eje y todo lo lejanas que se puede en el otro. Por eso la escalera única no ve la diferencia, y por eso mantenemos el segundo eje.
Una distinción que conviene no mezclar
Es tentador decir que la palabra y la foto “se diferencian en la dimensión”. No es así, y la imprecisión se paga más adelante.
Una dimensión es el respecto en el que se comparan las cosas — color, tamaño, sabor. Es el en qué. Una palabra y una fotografía de un perro no son dos valores de una dimensión: son el mismo contenido llegando por un canal distinto y en un formato distinto. Ejes del modelo completamente distintos. Mantenerlos separados es lo que permite decir con precisión qué está evaluando una sonda.
La parte que importa sobre la mesa
Aquí está la consecuencia, y es la razón por la que esto merece un artículo.
Una misma tarea de palabra→foto puede ser dos contactos completamente distintos según la historia del niño.
Si “perro” funciona para él como un patrón acústico — un ruido concreto, en una voz concreta, al que ha seguido tocar una imagen concreta —, la tarea es acoplamiento puro. Reconocer un sonido, repetir un gesto. No hay nada de lenguaje en ello.
Si “perro” funciona como una palabra, está ocurriendo algo muy distinto.
La tarea en pantalla es idéntica en los dos casos. El porcentaje de aciertos es idéntico. Y ese porcentaje no puede separarlos — que es la misma lección del primer artículo llegando por otro camino: el desempeño dice cuántas veces acertó el niño, nunca qué le hizo acertar.
Cómo se distinguen de verdad
Solo hay una manera, y no es una versión más difícil de la misma tarea. Es una sonda: cambiar algo de lo que depende el patrón acústico pero no la palabra, y ver si la respuesta sobrevive.
Si “perro” funciona como palabra, debería sobrevivir a:
- otro ejemplar — otro perro, uno que el niño no haya visto;
- otra voz — la misma palabra dicha por otra persona;
- la palabra escrita — el mismo contenido por otro canal más.
Si funciona como patrón acústico, puede sobrevivir a la primera; a las otras dos, no.
Conviene ser claros sobre cuáles de estas puede ejecutar Interlaza hoy. La sonda de ejemplar está implementada: las etapas iniciales se cierran redibujando la respuesta en su otra variante, de fotografía realista a pictograma, sin feedback y sin efecto sobre el avance. Las sondas de otra voz y de palabra escrita no lo están. No las bloquea nada conceptual — la biblioteca guarda sencillamente una grabación por concepto y por idioma, así que una sonda de otra voz necesita grabaciones hechas, no código escrito. Preferimos decirlo así a dejar que la forma del argumento dé por supuesta una función que no existe.
Qué hacer con esto
Sobre todo, dejar de pedirle tanto a la palabra “simple”.
Dos etapas que parecen fáciles las dos, que están las dos al principio de una ruta, y que un niño supera al mismo ritmo, pueden estar apoyadas en cimientos completamente distintos. Una le pide ver una igualdad que tiene delante. La otra le pide traer a la situación algo que no está en ella — y un niño que hace eso ha hecho algo bastante más interesante de lo que sugiere el porcentaje.
Lo que nos devuelve al final del primer artículo. El criterio nunca está en las tarjetas. Lo sostiene alguien — el instructor, la familia, la comunidad que acordó qué nombra cada palabra. Lo que añade este segundo eje es que a qué distancia está ese alguien forma parte también de lo que hace difícil una tarea, y no se ve en ningún porcentaje.
Interlaza se apoya en la tradición interconductual (Kantor; Ribes y López), la Matriz de Transferencia Competencial de Varela y Quintana (1995), la equivalencia de estímulos de Sidman y la Teoría del Marco Relacional. Las referencias completas están en nuestra página de ciencia.