¿95% de qué? La pregunta que un porcentaje no puede responder

Por INTERLAZA 10 min de lectura

Un niño termina la semana con un 95%. Buena noticia. Pero 95% ¿de qué?

Aquí van dos niños que este mes han sacado los dos ese número.

Marta ha emparejado doce fotografías con sus fotografías idénticas, una y otra vez, y ha acertado casi todas. Enséñale una fotografía distinta del mismo perro y se queda parada.

Diego ha sacado ese mismo 95% en el mismo tipo de pantalla. Enséñale una fotografía distinta del mismo perro y sigue acertando. Enséñale un dibujo del perro y también.

Marta y Diego han producido el mismo número. No han hecho lo mismo. Y nada de lo que hay en un porcentaje —ni el total, ni la línea de tendencia, ni la racha— te dice cuál de los dos tienes delante.

Esto importa porque cambia lo que haces el lunes. Marta necesita ejemplares nuevos antes que ninguna otra cosa; más repeticiones de las mismas doce fotos le subirán la nota y no le enseñarán nada. Diego está listo para avanzar. Si solo lees el porcentaje, les pones a los dos la misma sesión siguiente.

Figura — La misma puntuación, dos veces

Practicado Sonda — material nuevo, sin retroalimentación
Material practicado con retroalimentación Material nuevo sin retroalimentación Marta 95% se derrumba Reconocer otra vez lo mismo Diego 95% se mantiene Responder a la relación

Una ejecución se derrumba y la otra apenas se mueve. La puntuación nunca dijo cuál era cuál; la sonda sí.

Dos niños con un 95%. El porcentaje es idéntico porque cuenta respuestas correctas, y los dos responden correctamente; lo que cambia es a qué responden. Solo una sonda sin retroalimentación, con material con el que el niño nunca se entrenó, los distingue — por eso Interlaza reporta esas sondas aparte de todo lo demás.

La distinción, y de dónde sale

El psicólogo mexicano Emilio Ribes dedicó su carrera exactamente a este problema: que una misma ejecución visible puede estar producida por interacciones cualitativamente distintas. En Teoría de la Conducta describe cinco, cada una una forma distinta en que un individuo y su entorno se organizan en un mismo episodio.

Las dos que afectan a la práctica cotidiana son la primera y la tercera.

Acoplamiento — la interacción se organiza en torno a algo que simplemente está ahí. Reconocer, emparejar, repetir. Lo que la sostiene está delante del niño: esta fotografía y aquella comparten su forma. Nada intercambia papeles de un ensayo a otro; la foto del perro siempre es la correcta para la foto del perro.

Comparación — ningún elemento tiene función por sí mismo. Lo que cuenta es una relación —más grande que, igual que, lo contrario de— y es la relación lo que hay que atender. Si inviertes los términos, la respuesta correcta se invierte con ellos.

Marta está acoplando. Diego, por lo que se ve, está haciendo algo más.

Los otros tres —alteración, extensión, transformación— importan mucho en la teoría y poco en una sesión con tablet, así que están al final de este artículo y no en medio.

La parte incómoda

Aquí está el hallazgo que convierte esto en algo más que vocabulario: no puedes saber qué contacto tienes delante mirando qué aspecto tiene la tarea.

Una tarea de palabra → imagen parece más avanzada que emparejar foto con foto. Estructuralmente no lo es: nada permuta, la palabra siempre es la correcta para su imagen, las contingencias se mantienen constantes. Es acoplamiento: un tipo distinto de acoplamiento, sostenido por la convención en vez de por el parecido, pero acoplamiento.

Y una tarea que sí apunta más arriba puede seguir resolviéndose por acoplamiento. Carpio sitúa la igualación a la muestra en el nivel de relacionar; Ribes avisa de que esas tareas normalmente se resuelven reconociendo. Formalmente apuntan arriba. Funcionalmente pueden quedarse abajo. Una respuesta correcta no distingue entre las dos, que es justo por lo que un porcentaje tampoco puede.

Así que ni por la tarea ni por el porcentaje. Entonces ¿por dónde?

Por lo que ocurre cuando quitas el apoyo

Hay un arreglo que las separa, y no es ingenioso: es simplemente estricto.

Quita el feedback. Cambia el material. Mira qué sobrevive.

Si lo que había era reconocimiento, se desploma: el niño respondía a estas imágenes, y estas imágenes ya no están. Si el niño respondía a la relación, el material nuevo cambia poco, porque la relación sigue ahí.

Esa es toda la prueba. Por eso Interlaza ejecuta comprobaciones sin feedback con material con el que el niño no ha entrenado, y por eso esas comprobaciones se registran aparte de todo lo demás.

Cómo leerlo en tus propios resultados

En la pestaña de Resultados de un niño encontrarás ahora dos afirmaciones, y son distintas a propósito.

Qué tipo de práctica fue esta. Algo así:

Reconocer lo mismo otra vez — 94% · 146 ensayos Responder a una relación — 6% · 9 ensayos

Esto describe las tareas que pusiste, no al niño. Se puede saber, porque es una propiedad del ejercicio. Y muchas veces es la más útil de las dos, porque hace visible algo que si no es invisible: dos meses de práctica que fueron casi todo reconocimiento, sin que nadie lo decidiera.

Qué dicen las comprobaciones sin ayuda. Algo así:

Material practicado — 71% Material nuevo, sin ayuda — 33%

El resultado viene de reconocer material ya visto. Con material nuevo y sin ayuda cae mucho, así que lo que ocurre es reconocimiento, no relación.

Esa es la frase que un porcentaje no puede producir. Y cuando las comprobaciones aguantan, dice lo contrario: que algo se transfirió, y que el niño está respondiendo a la relación y no a los elementos concretos.

Tres cosas que se niega a hacer, a propósito:

  • Nunca le pone un nivel al niño. La misma tarea es un contacto distinto según lo que el niño ya sepa, así que una etiqueta sacada del tipo de ejercicio acertaría a medias — y llevaría la autoridad de la aplicación. Lo que se clasifica es la tarea.
  • Se calla cuando no puede saber. Con pocas comprobaciones, o con material practicado que todavía no está sólido, no hay veredicto: no hay ninguna ejecución establecida que una comprobación pueda confirmar ni contradecir.
  • Siempre enseña las dos cifras. Dónde cae la raya entre el 71% y el 33% es un criterio, no una norma. Tienes que poder discrepar.

Qué hacer con esto

Si la práctica es un 90% y pico de reconocimiento y las comprobaciones se desploman, la respuesta no es más ensayos. Es más ejemplares: otras fotografías, otras voces, el dibujo además de la foto — y comprobar.

Si las comprobaciones aguantan, el trabajo de reconocimiento ya ha hecho su función y el niño está listo para tareas donde lo que varía sea la relación.

Y si las comprobaciones todavía no dicen nada, eso también es una respuesta: haz algunas.

La capa de fondo, para quien tenga curiosidad

Todo lo anterior es la parte sobre la que puedes actuar. Debajo hay una literatura de investigación que va bastante más lejos, y conviene saber que existe.

Cada uno de los cinco contactos de Ribes tiene su propio criterio de ajuste —diferencialidad, efectividad, precisión, congruencia, coherencia— y los tres primeros tienen índices publicados con sus fórmulas. No son el porcentaje de aciertos disfrazado: cuentan las omisiones como fallos de ajuste, dos de ellos miden tiempo en vez de ensayos, y el índice de precisión es un producto entre dos condiciones, así que acertar bajo una regla y fallar la otra lo hunde hacia cero.

Una propiedad que conviene decir porque despista: ese índice de precisión no puede pasar de 0,25. Sus dos factores comparten denominador, así que una ejecución impecable marca 0,25 — mientras que las bandas de interpretación publicadas junto a él van de 0 a 1 y llamarían a eso “incipiente”. El propio autor describe esas bandas como arbitrarias. Buen recordatorio de que un número sacado de un artículo sigue necesitando lectura, no solo copia.

Dos de los cinco contactos tampoco se pueden montar en una tablet: la extensión es un contacto entre dos personas, no entre una persona y un objeto, y la transformación —hablar sobre cómo se habla— queda muy lejos de la edad a la que sirve este producto. Nombrarlos y dejarlos sin hacer es más honesto que una versión que disimule.

Nada de esto hace falta para usar lo que aparece en tu pestaña de Resultados. Está aquí porque la distinción de esa pestaña no nos la hemos inventado: viene de algún sitio, y ese sitio se puede comprobar.


Referencias

Andrade-González, D. E., León, A., y Hernández Eslava, V. (2020). Tarea de transposición y contactos funcionales de comparación: una revisión metodológica y empírica. Acta Comportamentalia, 28(4), 539–565. — De aquí salen los seis criterios que debe cumplir una tarea para medir el contacto de comparación, y con ellos el motivo de que el color no sirva: rojo no es “más” que azul.

Carpio, C. A. (1994). Comportamiento animal y teoría de la conducta. En L. J. Hayes, E. Ribes y F. López (Coords.), Psicología interconductual: contribuciones en honor a J. R. Kantor (pp. 45–68). Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara. — La otra denominación de los cinco criterios —ajustividad, efectividad, pertinencia, congruencia, coherencia— y la nota que sitúa la igualación a la muestra en el nivel de la pertinencia.

Ribes Iñesta, E. (2018). El estudio científico de la conducta individual: una introducción a la teoría de la psicología. México: Editorial El Manual Moderno. — Capítulo 10, Tabla 10-1: los cinco contactos funcionales. Es la tabla de la que sale la distinción de este artículo.

Ribes Iñesta, E. (2021). Teoría de la psicología: corolarios. Granada, España: Co-presencias Editorial. — La denominación que usamos aquí y en la aplicación: diferencialidad y precisión donde Carpio dice ajustividad y pertinencia.

Ribes, E., y López, F. (1985). Teoría de la conducta: un análisis de campo y paramétrico. México: Trillas. — La taxonomía original, de la que todo lo anterior es reformulación.

Ribes, E., Vargas, I., Luna, D., y Martínez, C. (2009). Adquisición y transferencia de una discriminación condicional en una secuencia de cinco criterios distintos de ajuste funcional. Acta Comportamentalia, 17(3), 299–331. — Entrenamiento y pruebas de transferencia recorriendo los cinco criterios, con 24 participantes.

Serrano, M. (2009). Complejidad e inclusividad progresivas: algunas implicaciones y evidencias empíricas en el caso de las funciones contextual, suplementaria y selectora. Revista Mexicana de Análisis de la Conducta, 35(número monográfico), 161–178. — Las fórmulas de los tres índices —diferencialidad, efectividad, precisión— y las bandas de interpretación. La nota 2 de la página 168 es donde el autor dice que los rangos de las bandas son arbitrarios.