Enseñar sin errores

Material didáctico para niños con autismo: qué hace falta y qué sobra

Qué material didáctico necesita de verdad un niño con autismo, las cuatro propiedades que lo hacen útil y por qué comprar más rara vez es la respuesta.

Para: Familias Instructores

Por INTERLAZA 5 min de lectura

La búsqueda de material didáctico suele empezar con una lista de la compra y termina con un armario lleno. Merece la pena empezar por el otro lado: qué tiene que hacer el material, y luego qué hace falta comprar, que casi siempre es menos de lo que parecía.

Las cuatro propiedades

Varias copias. El emparejamiento por identidad — la misma imagen a los dos lados — necesita dos ejemplares idénticos de la misma cosa; otros tipos de emparejamiento, como foto con palabra, no. Es la razón número uno por la que una actividad de identidad no se puede hacer: hay una manzana y hacen falta dos.

Una sola diferencia relevante. Si estás enseñando el color, las dos tarjetas deberían diferenciarse en el color y en poco más. Con un dibujo grande y rojo frente a uno pequeño y azul, el niño puede acertar por el tamaño y nadie se entera — que es también la razón por la que las dos propiedades nunca deberían cambiar juntas en todo un conjunto (ver más abajo).

Varios ejemplares de lo mismo. Tres perros distintos, no el mismo perro tres veces. Eso amplía con qué practica el niño, y no cuesta más: son tres imágenes en vez de una. No demuestra por sí solo que el niño ha aprendido «perro» en vez de tres fotos concretas — comprobarlo necesita un ejemplar nuevo y, si es posible, un entorno nuevo.

Que aguante. Cartón grueso o plastificado, porque un material que se dobla la tercera vez interrumpe la sesión justo cuando iba bien.

Dos conjuntos de figuras: en el primero el círculo verde correcto es mayor que la otra opción; en el segundo las dos opciones tienen el mismo tamaño y cambian de posición.

Si «verde» también es siempre «el más grande», acertar puede depender del tamaño. Igualar el tamaño de las opciones elimina esa pista concreta. Todavía hace falta variar posiciones y ejemplares e intercalar conceptos para comprobar qué propiedad guía la respuesta.

  • Color y tamaño cambian juntos
  • Las opciones tienen el mismo tamaño
Cuando el material da una pista no prevista

Empezar por los objetos reales

Antes de cualquier imagen está la cosa. Para muchos niños, emparejar dos cucharas de verdad es más accesible que emparejar dos fotos de cucharas o que emparejar una foto con la cuchara misma — aunque el orden exacto puede variar de un niño a otro.

Esa progresión aproximada — emparejar objetos, después cruzar entre objeto y foto, después foto con foto, después foto con dibujo, después palabras — es también un mapa de lo que hay que comprar: no compres nada hasta que el niño supere el escalón que se hace con lo que hay en la cocina, y ajusta el orden al niño que tienes delante en vez de suponer que vale para todos.

Fotos, dibujos y por qué hacen falta los dos

Una foto comparte muchísimos rasgos con la cosa real. Un dibujo comparte pocos, a propósito: quita el fondo, la marca, la sombra. Eso ayuda a un niño al que le distrae lo irrelevante y estorba a un niño que todavía no ha aprendido que una imagen representa algo — la misma razón por la que la enseñanza receptiva suele construirse empezando por la comparación más concreta (Grow y LeBlanc, 2013).

Tener los dos del mismo concepto es lo que permite trabajar el cruce entre ellos, que es una habilidad por derecho propio y no aparece sola. Es exactamente lo que hace la biblioteca de Interlaza: cada concepto guarda su foto y, cuando existe, su dibujo, y el ejercicio que va de uno a otro es un ejercicio aparte con su propio registro.

Lo que no arregla comprar más

El material importa menos que casi todo lo que lo rodea. Por delante van cuántas oportunidades hay, si la ayuda se retira con un plan, si la consecuencia significa algo y si alguien lo apunta.

Cuando de verdad hace falta comprar algo, prioriza por el objetivo al que sirve, lo fácil que es conseguirlo y si al niño de verdad le interesa — un juego que se queda sin abrir porque a nadie le gustan los dibujos fue dinero gastado en nada.

Merece la pena decirlo porque comprar es la parte agradable y es la que se puede hacer un domingo. Un armario ordenado no ha enseñado nunca nada, y una caja de zapatos con cinco parejas de objetos, bien usada, enseña muchísimo.

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